Involución y Evolución
Las doctrinas referentes a Evolución e Involución pueden ser mejor entendidas si rastreamos el origen de estas dos palabras. Las dos provienen del verbo latino volvere que significa “hacer girar, enrollar.” El prefijo “e” significa “hacia fuera o lejos de,” mientras que el prefijo “in” significa “hacia adentro.” Evolución, entonces, significa desenrollar o desenvolver algo que está envuelto o enrollado, mientras Involución significa envolver o enrollar algo que ha estado desenrollado. Veamos el siguiente ejemplo:
En tiempos antiguos, los libros no fueron impresos en páginas de papel y encuadernados en volúmenes como se hacen ahora. La información fue inscrita en rollos de pergamino llamados Manuscritos de pergamino y cuando eran leídos, tenían que ser desenrollados para exponer lo escrito. A medida que la lectura se efectuaba, el final inferior del manuscrito se desenrollaba, o evolucionaba, exponiendo la escritura dentro del manuscrito (en esos momentos, oculta), mientras que, al mismo tiempo, el final superior del manuscrito se enrollaba, se envolvía (involución), escondiendo u ocultando lo que ya había sido leído.
Cuando la Vida Única se manifiesta como una porción de ella misma, convirtiéndose en un Universo visible, al hacerlo, sus dos aspectos de Materia y Espíritu evolucionan alternativamente. En el comienzo de un ciclo de manifestación, la Materia está evolucionada, lo que implica que debe haber sub-estrato o fundación provisto para que una mayor evolución se desarrolle. Esto es un ejemplo que ocurrió en las etapas tempranas de la existencia del planeta cuando la Materia dominaba la escena y no se vislumbraba rasgos de vida superior. Así, la Doctrina Antigua nos dice que, aún en la roca, existe una forma de vida — de un orden muy inferior, no esa clase de vida como la que ordinariamente tenemos concepto de ella, pero que sí existe alguna clase de vida en ella. En este caso, la Materia domina y el Espíritu está casi completamente dormido o envuelto. A esto se le llama Evolución de la Materia e Involución del Espíritu.
A medida que el proceso se desarrolla y la Vida y el Espíritu han tenido tiempo para ejercer su influencia sobre la Materia, ésta última pierde algo de su densidad, volviéndose más compleja, volviéndose materia para los cuerpos de las plantas, animales y humanos, volviéndose materia más refinada que la de las rocas. En los reinos Animal y Humano, la Vida y el Espíritu gradualmente ganan ascendencia, y la materia pierde algo de su influencia retardatriz sobre el Espíritu. Esto es Evolución del Espíritu, e Involución o recesión del aspecto denso de la Materia.
Así, la Evolución del Espíritu es siempre acompañada por la Involución simultánea de la Materia. De la misma forma, la Evolución de la Materia es acompañada por la Involución del Espíritu, justamente como se desenrolla el extremo de un manuscrito al enrollar simultáneamente el extremo opuesto. El propósito de la vida es alcanzar la plenitud, el desarrollo, la expansión de la Conciencia, el crecer de estados inferiores a estados superiores del ser, y este avance solo se consigue a través del proceso de Evolución.
El centro o el núcleo más íntimo de toda unidad de vida, o Mónada, es un Rayo o emanación de la Vida Universal Única. Es este Rayo que origina y vitaliza toda forma en la Naturaleza. Mediante su conexión interna con la Vida Universal, el Rayo tiene dentro de sí posibilidades latentes de crecimiento y desarrollo infinitos. De este Rayo proviene el impulso ascendente, la fuerza impulsora y propulsora que es la causa secreta de toda evolución.
Toda Mónada individual debe, en el transcurso de su peregrinaje evolutivo, habitar todas las formas variadas de la Naturaleza, comenzando desde la más inferior, y después, gradualmente avanza a través de eternidades y en los varios reinos, hasta alcanzar la morada en formas superiores. En cada personificación, la Mónada gana experiencia y aprende las lecciones que esa personificación particular le ofrece. Cuando las lecciones de esa personificación han sido asimiladas y ya no hay más necesidad de experiencias en ese tipo de cuerpo, el impulso ascendente dentro de la Mónada le produce buscar formas superiores a fin de continuar su evolución. En su nueva personificación con su nuevo medioambiente modificado, la Mónada tiene experiencias diferentes y desarrolla facultades distintas, hasta hacerlas que funcionen en una perfección relativa. Así, otro peldaño hacia arriba es realizado; y después, otro, y otro, hasta el infinito.
Las formas variadas de la Naturaleza que la Mónada personifica pueden compararse a los peldaños de una escalera, hacia arriba de la cual la Mónada en evolución está subiendo. Simbólicamente, el peldaño más alto de una escalera lleva, al que sube, a una plataforma imaginaria, a un objetivo temporal, donde él puede descansar y recuperarse de su esfuerzo. Pero el impulso interior no le permite más respiro, y él pronto descubre que su plataforma soporta otra “escalera evolutiva,” la cual ahora comienza a subir para alcanzar alturas mayores que él débilmente percibe arriba de su cabeza.
Vemos debajo de nosotros, en la Escalera de la Vida, Mónadas en una siempre ascendente escala de Evolución, pasando desde el átomo y los minerales, hasta el Hombre. Todas esas Mónadas están siendo dirigidas hacia la etapa Humana en una marcha ascendente que abarca períodos de tiempo de duración incomprensible. La Doctrina Antigua nos dice que arriba del Hombre existen otras Escaleras que guían hacia alturas inconcebibles, las cuales algún día, en edades por venir, el Hombre comenzará a subir. Las posibilidades para alcanzar plenitud son infinitas, y el destino del Hombre es, hasta cierto punto, tan grandioso de lo que él se pueda imaginar.
Así, la Evolución no tiene fin, pero también no es una ascensión continua o ininterrumpida. Existen paradas temporales, comienzos y finales relativos, pero nunca ha habido un primer comienzo y nunca habrá un punto final.
Debe notarse que el concepto de Evolución presentado por la Sabiduría Antigua difiere de la Teoría de Darwin. De acuerdo a esta última, son las formas de la Naturaleza las que cambian, mediante un proceso de “selección natural” y de “la supervivencia del más capacitado,” de acuerdo a grados imperceptibles de una forma a otra. La Sabiduría Antigua, por su parte, establece que las formas de la Naturaleza son relativamente estables, aunque ellas experimentan algunos cambios de superación retardados. Pero el verdadero actor del drama de la Evolución es la Mónada residente, y debe hacerse distinción entre esa Mónada y el vehículo o cuerpo que ella habita.
La Mónada “emigra” a través de los tiempos, desde las formas inferiores hacia las superiores, ascendiendo en los Reinos de la Naturaleza, hasta que después de eternidades alcanza el Reino Humano.
Para resumir: La Sabiduría Antigua considera la Evolución como un proceso de desenvolvimiento o de desdoblamiento mediante el cual, posibilidades latentes e inherentes en la Mónada, gradualmente logran expresiones. A medida que la Mónada avanza y habita formas superiores, un despliegue más grandioso de sus facultades latentes se vuelven realizables.
por Nils A. Amnéus
